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Servir a los últimos a un lado de Jesús - entrevista a Mauricio González S.J.

Updated: Sep 7, 2023


Mauricio González S.J.

Entrevista a Mauricio González Camargo S.J., de 26 años, escolar Jesuita, cursando el primer año de filosofía en el ITESO.

La entrevista ha sido ligeramente editada para acoplarse más al formato escrito.




¿Qué hacías antes de entrar en la compañía?


Yo estudié medicina del deporte y ciencias del ejercicio. Terminé la licenciatura en Estados Unidos, y estaba perfilándome para seguir una maestría en fisioterapia, pero en ese proceso surgió el tema vocacional y decidí entrar al prenoviciado.



¿Cuál fue ese detonante que te hizo optar por la Compañía?


De la Compañía siempre me interesó la cuestión más social, el tema de la entrega hacia los demás, hacia los últimos, hacia los empobrecidos. Yo hice ejercicios espirituales en mi último semestre de prepa, pero me sentía muy chico para decidir en ese momento y se quedó ahí como la espinita. Yo dije: bueno, si la pregunta vuelve, la atenderé en la universidad, ¿no?


Y bueno, efectivamente volvió más o menos como a la mitad de la universidad. Tuve chance de que me acompañara un jesuita allá en Estados Unidos, en Carolina del Norte. Y pues sí, yo sentía que podía darle una oportunidad al tema vocacional en la Compañía, en el sentido de ver si era mi camino o no. Así lo fui haciendo en el proceso de discernimiento; terminé la carrera y decidí entrar al prenoviciado.



¿Cuáles eran esos miedos que tenías al pensar en la vocación y al iniciar un discernimiento vocacional?


Yo toda mi vida, cuando chico, cuando joven, jugué tenis, me dedicaba a eso. Nunca estuve involucrado en algo de parroquia. Entonces si bien había vivido un proceso espiritual fuerte de algunos campamentos, de unas misiones aunque sea pequeñas, de ejercicios, como que no sabía si me iba a gustar. Yo creo que eso era principalmente.


Pero creo que el deseo era suficientemente fuerte o tan fuerte que yo dije: bueno, es que tal vez esto es lo que yo quiero, porque yo veo que el tema del servicio, que quiero servir a los demás, y no me ha dado la oportunidad de probar eso.


Mis papás incluso me decían: “aprovecha que tienes una visa de trabajo” etc., pero yo dije no, yo quiero probar esto, yo quiero vivir esta experiencia de servicio, que así se me estaba planteando o entendía yo el prenoviciado, entonces me animé a entrar.



¿Y ya entrando a la compañía, cuéntanos en dónde has estado de destinos apostólicos?


Yo hice mi prenoviciado en el servicio jesuita a migrantes, en una combinación entre Ciudad de México y Huichapan, Hidalgo, porque en ese momento el SJN estaba acompañando una albergue en un proceso de institucionalización.


Fue un prenoviciado bien interesante y bien bonito, de trabajo en oficina, y de aprender esa chamba porque yo no sabía nada de eso. También hubo trabajo de asistencia humanitaria en el albergue que también fue muy valioso. Una comunidad bonita, yo creo, Huichapan, Hidalgo, y con el personal del albergue que era una comunidad agradable, una familia cercana. Entonces ahí estuve ese año pero llegó la pandemia, entonces no terminé completamente el servicio apostólico del prenoviciado.


Ya luego el ingreso al noviciado, que son cuatro semestres, dos años; de los cuales, tres semestres estuve en plena pandemia. Pero yo pedí poder asistir en el penal de Guzmán, y esa fue también una experiencia apostólica que valore muchísimo. Trabajamos con un dormitorio del penal que se llama la comunidad terapéutica, que atiende o que recibe a personas en situación de cárcel que están tratando de dejar las adicciones. Era una población súper dispuesta y súper amable, receptiva. La verdad es que la experiencia fue bien bonita, pues de acompañarlos en procesos de desarrollo humano y también de espiritualidad sencillos, pero la verdad es que fue una experiencia bien bonita.


Luego, en lo poco que se pudo hacer de apostolado en los ranchos, que es lo que hacemos en el noviciado, estuve en el Pitayo. Ya en el último semestre pude ir, como se hace normalmente, cada fin de semana, y también lo disfruté mucho.


Actualmente mi postulado es aquí en la parroquia del Espíritu Santo, en el barrio donde vivimos los filósofos, en Cajetes. Colaboró en la Catequesis de la parroquia y en el grupo juvenil que empezó hace un año y que se está formando aquí en la parroquia.



¿Qué es aquello que hay en común entre todas las experiencias que llevas de la Compañía? Que te haga decir, por esto entré.


Para mí, eso que aglutina el deseo, las experiencias, las ganas de estar acá, pues es la propuesta de reino de Jesús. Yo siempre he entendido a Jesús como ese gran amigo, como esa gran persona que nos invita a tener esperanza respecto al futuro y nos invita a trabajar con él de manera libre, a nadie nos obliga; a trabajar con él por el reino, por la construcción de una mejor sociedad, en todos los sentidos.


Y creo que es algo que se puede hacer siempre, o sea, en todo contexto hay oportunidad de que se vaya formando el reino.



Cuéntanos un poquito de cuando fuiste en diciembre a la Sierra Tarahumara. ¿Qué aprendiste o cómo conociste al Gallo y a Joaquín desde lo que te cuentan los rarámuris?


Sí, bueno, yo estuve en Cerocahui, en la experiencia apostólica de diciembre. Fue una experiencia interesante, muy distinta. La parroquia, yo la sentí todavía pues procesando o viviendo el duelo del acontecimiento de Joaquin y Javier. Fuera de eso, fue entrarle a las actividades normales que nos proponía el Compi, que está ahorita como párroco allá.


Y la verdad es que en ese mes, poco a poco me fue cayendo el veinte de que el suceso de Joaquin y Javier estaba marcando completamente mi experiencia; yo me le imaginaba como algo obviamente no superado, pero quizás que ya se estaba procesando pues un poquito más… pero no, realmente estaba muy latente todavía, la gente todavía lo siente mucho.


Y yo sin haber conocido realmente a Joaquin y Javier, me doy cuenta de que fueron jesuitas que marcaron a la gente sobre todo por el amor con el que las y los trataron. Yo me imagino que de ellos hubo una entrega total, una entrega completa. No fue difícil ir por las veredas por los caminos de la tarahumara e imaginarse a Joaquin y a Javier. Incluso cuando hacen una caminata con quien sea, ellos dicen: aquí Javier, aquí Joaquin; Javier sabía todos los caminos, todas las vueltas, ¿no?


Uno va recorriendo a las comunidades, se da cuenta que las distancias no son cortas, se da cuenta de todos los retos que hay allá y uno dice: pues estos compas tenían mucha fuerza y mucho deseo. Creo que ahí realmente lo que había era mucho amor por la gente.


Entonces a mí me fue cayendo el veinte de que el suceso de Javier y Joaquin marcaba mi experiencia, y principalmente me quedaban dos invitaciones muy fuertes:


Primero a no olvidarlos, no olvidarlos ni a ellos dos ni a ninguna víctima de violencia, ¿no? Ya se ha dicho bastante que la Compañía en estos meses se ha unido a las víctimas de violencia en el país y bueno, pues creo que todos los sentimos como en carne propia y ninguna víctima de violencia debe ser olvidada o debe pasar como si fueran sucesos más del día a día.


Segundo es este deseo de servir a Jesús de manera apasionada y adaptando el deseo a la realidad en la que uno está. O sea, creo que yo me quedé con que Javier Joaquin supieron leer su contexto, leer su realidad y responder ahí a lo que se necesitaba hacer. Responder al servicio que se necesitaba.


A mí Jesús me confronta y me pregunta cómo veo mi contexto y cómo quiero responder. Ya no será a la manera de Joaquín y Javier, porque son otros tiempos, otros modos, pero sí quiero responder desde la pasión por Jesús. Desde la pasión por este proyecto del reino.


¿A qué te sientes invitado?

Me siento invitado a que ninguna víctima pase de largo, o sea, que ninguna víctima sea olvidada. Pues sí, que no sean un proceso del día a día, los asesinatos, las desapariciones, etcétera, sino que nos detengamos a protestar, a realmente ver qué está pasando, a reunirnos como comunidad y decir: esto no puede seguir así.


Creo que hay una invitación fuerte a eso, y la otra es servir a Jesús de manera apasionada, ¿no? Creo que es esta beta de servicio, esta beta en salida del seguimiento de Jesús. Si bien en la oración pueden haber muchos movimientos, puede haber una vida espiritual muy activa, pero si ella no se traduce en acciones, no se traduce en concretos que la gente perciba, que la gente reciba, entonces se está quedando un poco corta, ¿no?


Y yo creo que Joaquín y Javier lo vivieron de manera completa, o sea, nunca olvidaron esta beta en salida, esta beta de servicio, nunca olvidaron que su seguimiento de Jesús era un seguimiento y es un seguimiento, hacia los demás y las demás.



¿Para ti quiénes son los empobrecidos?


Para mí, los empobrecidos siempre van a ser los últimos, los olvidados, aquellas personas que parece que parecen ser descartables, aquellas personas que parece que podemos olvidar, que no tienen una función, que no cumplen una función frente a la sociedad, frente al sistema. Sí, aquellos que se les ve únicamente desde la utilidad.



¿Cómo te ayudan a conocer a Dios?


Yo creo que las experiencias apostólicas, las experiencias con gente sencilla, con distintas personas, la gente más humilde, siempre me ha ayudado a conocer a Dios en sus sencillez, en su humildad, en su paciencia, en su agradecimiento por todo, por lo que va sucediendo en el día a día; porque yo creo que ven todo, ven toda la vida, ven todos los sucesos, todos los momentos de manera distinta, porque los ven con calma, los ven con agradecimiento, los ven con gozo, con ojos de brillo ante lo que esté sucediendo.


Es normalmente algo que nosotros quizá por citadinos, no sé por qué, olvidamos; pero esas personas yo creo que me han enseñado mucho sobre todo de cómo leer el mundo y cómo Jesús nos invita a recibir el mundo con agradecimiento, con gozo.



¿Y los estudios, tanto de fisioterapia como de filosofía, cómo te ayudan a servir, y ayudar en la construcción del reino?


Los estudios, sobre todo por lo pronto de filosofía y quizá los previos también, primero ayudan mucho en el sentido de ayudarnos a leer mejor los contextos; o sea, uno puede entender mejor qué está pasando en la realidad en la que está cuando se ayuda de distintos autores, distintas apreciaciones, de cómo es que entendemos la sociedad y la manera en que los individuos en la sociedad se relacionan.


También yo creo que los estudios, casi en cualquier ámbito, nos ayudan como jesuitas porque la gente está muy sedienta de formación, sedienta de recibir algún tipo de material, algún tipo de conocimiento. Entonces, cuando uno estudia, creo que se adentra al mundo del conocimiento, a entender las cosas de manera distinta, de manera un poco más integral, quizá, y eso la gente lo termina agradeciendo. O sea, la gente, por decirlo así, está sedienta de aprender, y cuando uno estudia se le va dando la oportunidad de ayudar en ese sentido.



Ya contemplando todo tu recorrido, ¿qué le dirías a tu yo que tenía dudas o miedos de entrar a la compañía?


Yo le diría que este camino y este recorrido valen mucho la pena, realmente. Creo que viendo hacia atrás no me arrepiento de ninguno de los momentos, a pesar de que en cada uno vaya reconociendo una dificultad, un reto. Viendo el panorama a la distancia, estoy muy agradecido por la experiencia.


Entonces yo le diría que se siga animando, que siga a Jesús de manera cada vez más apasionada y cada vez más auténtica; porque Jesús tiene una relación personal con cada uno de nosotros y nosotras.


Entonces yo le diría: escucha a Dios hablándote ahí, escucha a Dios, hablándote en la realidad y síguele de manera valiente… eso también es un tema que me ha surgido en los últimos ejercicios espirituales.



A un chavo que quiere entrar a la Compañía de Jesús, pero también tiene miedos, ¿qué le dirías?


Yo le diría que es un proceso, o será un proceso y un tiempo, bien invertido siempre. El proceso de búsqueda en la Compañía, sobre todo por cómo está planteado, por la propuesta de autoconocimiento, de discernimiento, de seguimiento de Jesús radical, le va a dejar mucho, termine donde termine.


El proceso en la Compañía creo que es muy rico y muy valioso, y le va a ayudar mucho a él y a otros. Entonces, yo diría que se anime.



¿Para ti, quién es Jesús?


Para mí Jesús es ese gran amigo que me invita a ver el mundo con esperanza, que me invita a construir su reino desde lo que tengo y desde lo que soy, junto con otros y otras, sabiendo que quizá no voy a hacer mucho, pero que lo que puedo hacer será bueno. Ese gran amigo que no espera nada a cambio, pero que está siempre deseoso de recibir.



¿Para ti qué es ser jesuita?

Para mí, ser jesuita es servir a los últimos al lado de Jesús.



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